27.12.11

Smelly Man (?)

El año pasado, pasamos la navidad en Córdoba. Cuando subimos al ómnibus este año, temimos por un instante que pudiera repetirse el viaje del infierno que ya habíamos padecido: siete horas sin aire acondicionado, constantes lamentos y quejidos del resto de los pasajeros que agonizaban en sus asientos, 50° afuera del micro y 28 millones de paradas que nos daban la impresión de que Córdoba estaba, en realidad, en algún lugar de Alaska y nadie nos había avisado. Pero no. Este año, el aire funcionaba, el ómnibus no iba atestado de gente y realizó la primera parada a la hora y media de viaje. Pensamos que, por fin, íbamos a tener un viaje más o menos normal hasta que apareció él.
Subió en la primera parada. No tenía equipaje. Cargaba simplemente una bolsita de plástico blanca y vestía unos pescadores de jean de esos que, si tenés más de 12 años, resultan el clímax de la ridiculez. Pero vestirse ridículamente no es pecado, ni es delito y basta con cerrar los ojos o mirar hacia otro lado para conjurar el horror hecho pescador. Él se sentó en un asiento vacío que estaba justo detrás de los nuestros. La puerta del ómnibus se cerró y reemprendimos la marcha.
H dormía en el asiento de al lado. Yo seguía leyendo. En un momento, me veo obligada a levantar los ojos de la página para buscar, casi instintivamente, la fuente de la que emanaba ese olor nauseabundo que, de continuar, iba a ponerme al borde de la arcada. Por un instante, dudé: no es la primera vez que algo que leo me provoca mareos y desmayos en transportes públicos (?). La novela que estaba leyendo estaba narrada desde el punto de vista de un grupo de ovejas (esto, quizás, merezca una digresión pero focalicemos). ¿Podía ser que tanto leer sobre ovejas estuviera fomentando que mis fosas nasales se sintieran dentro de un rebaño? Noto que H se despierta y me mira con cara de horror. Perfecto, no era el libro. Estábamos oliendo lo mismo. Una breve inspección de nariz (?) me permitió constatar que el olor a queso rancio, mugre y otros blends (?) igual de vomitivos provenían del señor del pescador. Nos quedaban cinco horas de viaje y perfume para dos, quizás tres. A la altura de Villa María, el señor percibió que nuestro uso frecuente de perfume tenía que ver con él y se sentó en el fondo, en otra fila de asientos.
Lo que quiero proponer después de haber sobrevivido a esta experiencia olfativa extrema no tiene que ver con la discriminación sino con la supervivencia: los ómnibus de larga distancia deberían tener una norma estricta de admisión que impidiera que las personas cuyos olores corporales delatan que no han tocado un jabón en los últimos siete días compartan un espacio extremadamente reducido, durante muchas horas, con otras personas que tienen nariz. Así de simple. Si el chofer, en lugar de dejarlo subir, hubiera arrojado al interior del vehículo una molotov, hubiera sido menos doloroso para todos. Contamos las paradas que quedaban como presos que esperan la libertad, con la esperanza de que Señor Oloroso bajara antes que nosotros. No se juega así con la esperanza de la gente. Por supuesto, no tuvimos suerte y el señor bajó en la misma parada que nosotros.
Esta experiencia nos permitió constatar, además, que nuestras maestras de la primaria nos habían mentido: el olfato, señores, no se acostumbra después de un tiempo. El estímulo desagradable permanece siempre allí, clavado en las fosas nasales. Así que si viajan, lleven tanque de oxígeno (?); no se van a arrepentir.

13 comentarios:

Marcela Calderón dijo...

Jaaaaaaaaaaaaaaaajajajajaja!!!
Priiiiiii.

Sí Señor. ELLA ha vuelto. Reloaded. Divinamente reciclada de sus propias cenizas.
;)

Cecil dijo...

No soy yo, es la vida que me alcanza (?) :P

Georgina dijo...

jajajaja mortal!!! Eso sentí cuando me toco viajar de BA a Rosario con el Coreano, Chino o lo que fuese.

Marcela Calderón dijo...

Te odio por pegarme esa canción de merda con tu respuesta. Sabélo ;)

Artus dijo...

cecil, te faltó "tècnica de supervivencia" a saber: inspiras con todas tus fuerzas hasta q' el bulbo olfativo(u olfatorio) quede grogui (saturación del bulbo), y de ahí en màs la puzza no te molesta... :P

q' lindas las crònicas de: "viajando con cecil"... ^o^

salutes

Hernán dijo...

¿Ves? Si viajásemos en avión se reduciría drásticamente el tiempo de exposición a la hediondez de algunos.

;)

Cecil dijo...

Claro, cuando des con una aerolínea que tenga aviones en lugar de cafeteras, nos vamos en avión :P

Sweet carolain Arengando a la gilada..Por un mundo menos pedorro dijo...

JAJAJAJAJAAJAJJAAJ me mató el comentario de H.

A mi me sa la sensacion, cuando vivo una situacion similar, de que el olor se me hace carne. Y me 'trago', por así decirlo, la mugre de la persona en cuestion. Un asco!!!!!

GABU dijo...

A ver,a ver,a verrrrrrrrr...

¡¡YESSSSSSSS!!!!!!!!

NadieS cantó (?) PLIIIII!! =)



Luego de mi ataque (?) de súbita emoción,seré comentario... :)

GABU dijo...

Al final,tannnnnto lío por un viajecito en micro hasta CÓRDOBA!!!! ¬_¬

Ya los quisiera ver a tod@s Ustedes viviendo en la zona de MATADEROS,eh??!?!!!!
Y eso que me dijeron que allá lejos y hace tiempo era muchísimo peor... :/

P.D.:Menos mal que mis maestras -hasta donde yo recuerdo- no osaron inculcarme (?) esa paparruchada respecto al olfato porque no hay caso ni forma,el olfato NO se acostumbra al tufo inmundo,repulsivo y mugriento!!!

BESOTES AROMÁTICOS ♣
Demás (¿es 'demás' o 'de más' profe?)esta acotar que lo tuyo CECIL se convierte lentamente en un sacerdocio!!

loly dijo...

JAJAJA!!! Qué ascoooo!!!! No soporto a la gente olorosa!!! Qué hacían con el perfume, lo tiraban al aire o se lo tiraban entre ustedes???

Bella dijo...

¡¡Aguante H y su comentario razonable!!

Odio a los olorosos. Pero creo que 20 hs hasta Puerto Madryn con una familia que sólo habla guaraní a los gritos todo el tiempo también es un suplicio válido, no?

Living Dead dijo...

Un millón de años y un poco más, sin pasar por aquí.
Todo sigue bastante igual.
Y (a no dudarlo) eso es bueno.
Nostalgia mode on.

Beso y feliz año.
Living dead