23.10.09

Adolescencia mal curada [?]

Situación 1: Cecil tiene 23 años. Para hacerle el favor a una compañera de trabajo, acepta reemplazarla durante dos semanas en las clases que esta amiga daba en una escuela de monjas. Cecil conocía la escuela, puesto que había cursado allí la primaria. Cecil corre como condenada esas dos semanas de una escuela otra, apenada ante el descubrimiento de que su antigua escuela se llenó de advenedizos y oportunistas. Cuando un mes después, la llaman para que pase a cobrar, se sorprende ante la descarada estafa: en lugar de pagarle las horas que había trabajado, se las calculan en días trabajados -como si el cargo a cubrir hubiera sido el de una maestra- y le pagan exactamente la mitad de lo que deberían haberle pagado si no fueran una manga de estafadores siniestros. Cecil patalea y se enfrenta con la monja que oficiaba de representante legal. La monja, sin ningún pudor, termina diciendo: "Y bueno... igual, la única que se perjudica es usted". Cecil llora de la impotencia y quiere alejarse de ese antro infecto, por lo que ignora la sugerencia de su amiga abogada [también egresada de esa escuela] de mandarles cartas documento hasta que decidan entrar en razones.

Situación 2: Cecil tiene 29 años. Gracias a la llegada de un resumen de cuenta, descubre con impotencia que antiguos empleadores [de quienes se había desvinculado hacía más de un año] le abren una nueva cuenta en el banco sin avisarle y depositan una miserable cantidad de dinero que, aparentemente, le debían. Cecil se acerca al banco, deja la cuenta en cero y quiere cerrarla. En el banco le dicen que no puede y blablabla. Cecil vuelve a sentir la misma espantosa impotencia: cualquiera puede hacer cualquier cosa a tu nombre y vos ni te enterás. La ira más iracunda [?] la inunda y manifiesta la necesidad [kw] de rastrear al responsable de tanta atrocidad para quejarse en su cara, al menos; para que el gran ameboide que trabaja haciendo esto sepa que sus acciones tienen consecuencias engorrosas en las vidas de otros seres humanos.

En apariencia, ambas situaciones no tienen demasiado que ver. Para un lector externo, el factor común entre ambas podría ser el atropello de los mecanismos de la burocracia en este país. Pero eso no es todo. Para mí, protagonista de la situación, tienen un lado más triste y enfurecedor: en ambas situaciones, ante la expresión de mi lógica [?] bronca, mi propia madre se erige como defensora de los Aparatos Burocráticos del Estado. "No podés rastrear a nadie", me dice. "Yo sé cómo son las cosas", me responde cuando le pregunto qué la lleva a justificar estos accionares injustificables de los que soy víctima [?].
Yo también sé cómo son las cosas y sé que probablemente no pueda hacer nada efectivo para cambiarlas. Pero que se me invalide a priori el derecho a quejarme como si no hubiera motivos para ello triplica mi impotencia. Y que esa invalidación provenga de mi propia madre me llena, además, de amargura [oh sí, necesito un psicólogo por aquí].
¿Tan difícil es entender que algunos vemos las cosas de otra manera -ni mejor, ni peor: simplemente otra- y que, por ello, las sentimos y las vivimos de otra manera? ¿Tan difícil es comprender que ciertas actitudes ya no son el resabio de una adolescencia mal curada sino, más bien, características intrínsecas a la propia personalidad? ¿Tan difícil es? ¿Eh?

11 comentarios:

Cecil dijo...

priiiiiiiiiii


=P


no sé, si tardaron 20 minutos en llegar, lo lamento =P


[soy bobita, sepan disculpar] [?]

Alicia Seminara dijo...

Lamentablemente, en Argentina, en muchos sectores (como los que describís) ser adulto es doblar la espalda y aguantarse los palos callados.

Bella dijo...

Pliiiiiiiiii (Alicia no dijo nada)

Bella dijo...

esa ira es esaptamente la misma que se erige en mi y me convierte en una asesina abyecta!

yo también sé cómo son las cosas acá, pero me revienta la bilis que mi marido o mi madre me digan que no debo quejarme porque total las cosas son así...

NOOOOOOOO!!

te re comprendo amiga =(

Artus dijo...

cecil, no creo q' TuMadre esté justificándoles, o te invalide tu derecho al pataleo. Seguro q' te ha dicho, lo q' has contado, para q' no te hagas "malasangre". Conociéndote como te conoce, tal vez quiera evitarte la emisión innecesaria de bilis :)
Es TuMadre, discúlpame si no es lo q' esperabas,como comentario; pero así son las madres, trabajan las 24 hs.

Beso y no permitas q' ameboides varios, arruinen tu psiquis.

Menna dijo...

Lamentablemente sí, es más que difícil pensar de forma diferente a los demás.
Y claro, tenés todo el derecho de quejarte y patalear el tiempo que quieras porque, encima, tenés razón. Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a que jueguen con uno, que ya lo tomamos como normal y ponerse en contra de eso termina resultando rarísimo para los demás.
Decímelo a mí.

Sweet carolain Arengando a la gilada..Por un mundo menos pedorro dijo...

oh, podrìa decirte tantas cosas, pero fundamentalmente, te digo que te entiendo. Mi madre hace lo mismo, por ahi le comento x situaciòn, y ella intenta mediante extrañas asociaciones libres, justificar lo que para mì es injustificable. Ellas, deben vivirlo como un acto de rebeldìa, tal vez, pero vos y yo sabemos que tiene que ver, en el peor de los casos, con una necesidad balanceadora, que nos lleva a querer equilibrar(?), emparejar, hacer justicia(?), en situaciones en las que vemos que la cosa es dispar, deliberadamente desequilibrada, y sobre todo, que abusa asquerosamente de nosotros. Oh, las madres, oh. Me ofrezco como psicologa. lalalalala :D

GABU dijo...

Es simple,desde cuàndo si se piensa anque opina distinto al otro,se respeta lo dicho???

P.D.:Si pensàs diferente lo màs probable es que tod@s crean que sos una contrera,me equivoco??

Y encima se te quedan mirando con esa cara de paparulos... ¬¬
grrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

BESOS Y CURITAS

Julia dijo...

Pero quejate, querida, estás en todo tu derecho. Y de vos depende elegir entre tragarte la bronca y espetársela a alguien. Voto por la segunda opción.
Y otra vez, no seas ratúbela, cazá el celular, llamame y yo te escucho y te arengo para que matemos a todos. ¿Estamos? Después quedás hecha una sedita, te cuento.

Besos

GaTo Detke dijo...

Buenos días.

Pese a llegar tarde y que el post de la mandarina es genial este llama poderosamente mi atención o mejor dicho es de esos que me llegan.

Si bien es cierto que es prácticamente imposible ganar una pelea contra cualquiera de las infinitas estupideces establecidas por la sociedad, es sumamente importe que sigamos dando pelea. Usted me dirá “¿para que pelear si la batalla esta perdida de antemano?” púes debemos seguir peleando para seguir siendo nosotros, el día que bajemos los brazos pasaremos a ser una ameba más del sistema y yo por mi parte (por más que me sigan sacando a patadas de bancos, que me golpeen en los colectivos y que las viejas me sigan tildando de hereje y subversivo) prefiero seguir siendo yo a ser uno de los tantos esponjidos que nos rodean.


Gato.

Cecil dijo...

:)